
La escalada del conflicto en Medio Oriente se intensificó después de que Irán lanzara nuevos ataques con misiles y drones contra Qatar, Arabia Saudita y Kuwait, ampliando el alcance de la guerra regional que enfrenta a Teherán con Estados Unidos y Israel.
Autoridades de los países del Golfo informaron que varios proyectiles fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea, aunque algunos ataques alcanzaron infraestructura estratégica, incluidos depósitos de combustible e instalaciones aeroportuarias. En Kuwait, por ejemplo, se registraron incendios en tanques de combustible del aeropuerto internacional tras un ataque con drones, que posteriormente fueron controlados por los equipos de emergencia. (euronews)
De acuerdo con los reportes oficiales, Qatar también fue blanco de varios misiles balísticos y de crucero, mientras que Arabia Saudita aseguró haber interceptado múltiples drones que ingresaron en su espacio aéreo. (Malay Mail)
Advertencia desde Teherán
La ofensiva fue acompañada por una dura advertencia del jefe del poder judicial iraní, Gholamhossein Mohseni Ejei, quien afirmó que las operaciones militares continuarán contra países vecinos que, según Teherán, permiten que su territorio sea utilizado por el “enemigo”.
“El gobierno y otras instituciones del sistema coinciden en que los ataques intensos contra estos objetivos continuarán”, declaró el funcionario, al referirse a países que —según Irán— estarían facilitando operaciones de Estados Unidos e Israel en la región. (Onmanorama)
Un conflicto que se expande en la región
Los ataques forman parte de la respuesta de Irán a la campaña militar iniciada por Estados Unidos y Israel contra objetivos iraníes, lo que ha provocado una rápida expansión del conflicto hacia varios países del Golfo.
En este contexto, la Liga Árabe convocó una reunión de emergencia para analizar la situación, mientras varios gobiernos de la región denunciaron que los ataques representan una violación de su soberanía y del derecho internacional. (Arab News)
Analistas advierten que la extensión de los ataques a países del Golfo aumenta significativamente el riesgo de una guerra regional de mayor escala, con posibles impactos en la seguridad energética mundial debido a la concentración de infraestructuras petroleras y gasíferas en la zona.
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